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jueves, 16 de junio de 2011

FALSO DOCUMENTO DEL MEDIEVO, ENCONTRADO Y PERITADO ANÓNIMAMENTE.

Buscando en los libros de la biblioteca de humanidades, otras cosas, me resultó interesante encontrar este artículo que hoy cuelgo aquí. Me resulta increíble que aun hayan documentos abiertos para ser investigados, cuando se ha hablado de que la historia practicamente está ya escrita y que no hay nada que añadir en ella. Las labores de investigación de muchos historiadores y lingüistas, nos indican que quietos, no están, y que aun podemos seguir sacando a la luz informaciones de donde menos nos esperamos.

EL DOCUMENTO INVESTIGADO

Se perita a lo largo del año 1739 por una mano anónima. De índole exclusivamente diplomática, trata de demostrar la falsificación de que había sido objeto cierto documento, del cual se habían valido durante centurias los antepasados del conde de Medellín para obtener las rentas que devengaban las tercias de Écija y Andújar, documento del cual pretendía, igualmente, valerse dicho noble para continuar percibiendo las mencionadas rentas.

En 1739, la diplomática es utilizada esencialmente como un arma, un arma que se utiliza para discriminar la veracidad o la falsedad documental, buscando primordialmente, y en último término, una finalidad de carácter jurídico-político.

Estamos también en un momento en el que se restablece la monarquía Borbónica en el trono de España. Estamos estableciendo el orden de recuperación de rentas que en un principio pertenecían a la corona y que luego fueron cedidas a la nobleza, muchas veces en virtud de auténticas usurpaciones, avaladas, con mucha frecuencia por los falsos interpolados.

España se encuentra bajo el reinado de Felipe V, con una grandiosa cuenta pendiente en su contra gracias a la guerra de Sucesión. Coincidiendo el  estudio de este documento, con la orden de suspensión de pagos de la corona y el restablecimiento de organización de la hacienda pública.

Características del documento peritado:
Se trata casi con total seguridad de una cédula, una cédula incluida en un privilegio,  -en el reinado de Carlos III, se rechazaba cualquier documento que no fuera privilegio real…- relativo a la confirmación de un vínculo de mayorazgo. Este documento a estudiar, pretende justificar la percepción en concepto de juro de heredad, de las tercias de Écija y Andújar por parte de los condes de Medellín.
El documento no se pudo encontrar en el archivo general de Simancas, se haya en la Real Academia de la Historia. Al parecer, los señores Rodrigo  Portocarrero y su esposa Beatriz Pacheco, primeros condes de Medellín,  querían dejar a su hijo Juan Portocarrero, la herencia de sus tercias de los citados pueblos.
Más información, en la siguiente documentación:

RÁBADE OBRADÓ. Mª DEL PILAR: “ERUDICIÓN Y DISCURSO HISTÓRICO: LAS INSTITUCIONES EUROPEAS. (S.XVIII-XIX)” , Ed. Francisco M. Gimeno Blay  ( Universitat de València) València , 1993. Publicaciones del “SEMINARI INTERNACIONAL D’ESTUDIS SOBRE LA CULTURA ESCRITA”,1- ISBN: 84-370-1313-5. PP.157-166.

domingo, 10 de abril de 2011

Comentario del Libro "El antropólogo inocente" de Nigel Barley.


“EL ANTROPÓLOGO INOCENTE DE NIGEL BARLEY





En las páginas del libro, desde la 101 hasta la 108, explica que los dowayos, tienen unas prácticas funerarias de lo más variopinta. Los cadáveres son envueltos como las momias, en algodón cosechado en su país y pellejos de los animales sacrificados durante la ceremonia de entierro, y son enterrados en posición fetal o semi-fetal, (página 101). A las dos semanas aproximadamente de ser enterrado el difunto, se le extrae la cabeza para examinarla.  Al parecer, su fin es encontrar señales de brujería en ella, luego se mete en una olla y se cuelga de un árbol. Los cráneos son tratados distintamente los de los varones con los de las hembras. Los cráneos de ellos, son colocados detrás de la choza donde está enterrado su cuerpo y los de ellas, son colocados detrás de las chozas donde nacieron, que bien pueden ser en la misma aldea donde fallece o en otra; teniendo que trasladar su cráneo a su lugar de nacimiento. Se ha de tener en cuenta que los hombres no circuncidados se les tratan de igual manera que a las mujeres. Los dowayos tienen esta peculiar práctica porque “las copia” del leopardo, que pese a que hace más de treinta años que han desaparecido del país dowayo, ellos ponen los cráneos en los árboles, como se supone que los leopardos hace con sus presas, transportarlas a los árboles para devorarlas. También los circuncisores son ataviados con ropas semejando a los leopardos, como vertedores de sangre humana en el momento de la operación.
Al parecer, para los dowayos, los espíritus de los muertos se reencarnan en mujeres embarazadas, y por lo visto se les aparece a sus parientes vivos, página 102). Entonces preparan un festival de calaveras para que estos espíritus se vayan. El festival trata de sacrificar animales, vacas, cabras y ovejas, y los excrementos de éstas cubrían los cráneos de los difuntos. (Página 108-109)Los organizadores cortan las cabezas de los pollos para rociar a los presentes con la sangre que emanan de ellos, y el “payaso” o el que se encarga de amenizar el festival, se encarga de hacer danzas obscenas  entre ellos mismos, e incluso trataban de copular entre risas y exclamaciones. Salpicar a todos los congregados, de sangre, excrementos y toda la suciedad posible, también pertenecía a ese particular festín. En un acto de puro instinto, los asistentes se retiran a vomitar ante la flamante obra. 



Foto recogida desde: <http://antropologiaenbabilonia.blogspot.com/2008/04/el-antroplogo-deflorado-vi-y-ltima.html>, consultada el 20/02/2011 a las 21:03


El festival de las calaveras dowayo, el autor lo compara con un circo Ruso (página 111), ya que ocurren cuatro cosas al mismo tiempo, como por ejemplo; los payasos, después de salpicar a los asistentes con sangre y excrementos, limpian las calaveras, los maridos de la aldea danzan con unas muchachas traídas de otras aldeas, haciendo una parodia de la vida de un fulani (parientes de los dowayos, pero no muy aceptado por ellos). Por otro lado las viudas de los difuntos, también iban vestidas para la ocasión con faldas largas de hojas y sombreros cónicos (página 111). Y por último, al otro lado de la aldea, aparecen los circuncisos. Al parecer, en ese festival, cuando acaban con la danza de las calaveras, los cráneos de los varones se envuelven para la ceremonia de la circuncisión  y los de las mujeres se lanzan a un lado y se les olvida durante el acto. Este ritual, se representa para los muertos, como una amenaza para circuncidarlos, y se usa sus cráneos para ser golpeados con las flautas, como si fueran unos bongós (pagina 112).
La circuncisión sólo se puede practicar en los varones en un año masculino, entre los 2 y los 20 años de edad. Puede pasar un lustro entre una práctica y otra. Afortunadamente para el autor, aunque él llego en un año femenino a la aldea dowaya, los habitantes celebraban en sus ceremonias una “réplica” de lo que en una ceremonia de circuncisión real se podría producir, por tanto, más o menos, se podía hacer una idea de lo que allí sucedía (página 212). Se podría aventurar a decir que el sentido que dan los dowayos a su ceremonial fúnebre, podría ser la cosecha, la sexualidad (la circuncisión) y la muerte, todo en uno. Ya que no lamentan la muerte del miembro de la comunidad como nosotros la lamentamos, para ellos es aparte de un motivo de encuentro y ceremonial, un alumbramiento de nuevas cosechas, y nuevos rituales de  apareamiento.
Si embargo, el ritual fúnebre de un hombre rico, no tenía nada que ver con los otros de clase baja entre los dowayos. Por ejemplo, en la página 154-155, el autor hace una referencia a un caso de enterramiento de un hombre de alto nivel social. En este caso, el difunto es envuelto en la piel de un novillo castrado que sus propios hermanos sacrificaron para este fin. Las mujeres, por otro lado, hacían chocar calabazas y sollozaban, a su vez iban ataviadas con hojas de luto. Otros parientes del difundo se encargaban de traer pieles, lienzos y prendas para envolver el cuerpo mientras que el o los yernos de éste, hacía ofrendas al cuerpo en señal de vínculo familiar que tenían.
Por otro lado, también existe la costumbre que los hombres que hayan sido circuncidados a la vez que el difunto, tengan plena disposición de obtener las posesiones del muerto mientras vivan. Si se trata de un grupo de hombres circuncidados al mismo tiempo, mientras unos mueren, los que quedan vivos se reparten sus posesiones mientras éstos queden vivos, y así sucesivamente hasta que esa “serie” acabe con el último (página 155).

 “No son precisamente datos lo que falta a la antropología, sino más bien algo interesante que hacer con ellos. El concepto de ‘coleccionar mariposas’ es corriente en la disciplina y caracteriza con propiedad las actividades de muchos etnógrafos e intérpretes fracasados que se limitan a acumular bonitos ejemplos de costumbres curiosas clasificadas geográfica, alfabéticamente, o en términos evolutivos, según la moda de la época”. Nigel Barley, “El Antropólogo inocente” pp.20.
El autor, en este apartado, pretende decirnos que, desde su punto de vista, la antropología, así como otras ciencias sociales, tienden a acumular datos y datos por doquier, que sus autores exponen en sus obras o no, dependiendo de su voluntad, o lo que en esos momentos, su situación requiera. Por el contrario, él considera que no sólo se trata de “coleccionar esas mariposas” sino interpretarlas a ojos de occidente, lo que se puede significar y dentro de qué contexto podemos introducirlos para poner hacernos una idea de lo que se trata ese dato concreto. Obviamente, el interpretar el dato obtenido, aunque sea insignificante, puede enlazar una historia, un evento, una explicación a algo mucho más extenso que lo que haya escrito su autor. El dato bien interpretado para nuestra comprensión es como un buen conector en un comentario de texto. Mientras que muchos autores y científicos, como los antropólogos y etnógrafos, al no saber o no ser capaces de desmembrar ese dato para lograr construir algo “entendible “con el, se limita a exponerlos sin interpretación, y por tanto, quedan expuestos pero no comprendidos.
A la pregunta de que si puede hacerse extensible estas consideraciones y las situaciones descritas al trabajo con la historia, por supuesto que sí. La Historia fue, son y serán datos recogidos por todas y cada una de las disciplinas de estudios, que, entre muchas cosas, nos ayuda a interpretar la Historia, para poder ofrecer datos coherentes (que no indiscutibles) a la sociedad, y así proseguir su estudio. El autor de este libro, claramente, se preocupa por interpretar los datos recogidos para poder darnos una visión más o menos acertada de lo que él veía y de lo que él interpretaba. Todo esto se reduce su trabajo, recoger, apilar, ordenar, exponer e interpretar datos para su “traducción” en occidente, ya que nuestras mentes no están preparadas para interpretar en otras culturas, lo que vemos, o en este caso, leemos.

La leyenda “el apaleamiento de la vieja fulani”, guarda cierta familiaridad con la agricultura del país. El cuento de  la vieja fulani guarda semejanza con el labrado y la cosecha, la siembra y la recolección del mijo. El autor se da cuenta que los mismos hombres que aventaban el grano, aparte de parientes, eran compañeros de circuncisión (página 157). Por tanto el relato del apaleamiento de la vieja fulani, es el relato de la circuncisión que adoptaron los dowayos. A su vez, el proceso de desgranado se realizaba siguiendo el esquema del cuento, puesto que en ella se revela la relación imaginaria entre la circuncisión y la cosecha, y la relación homológica que se establece a nivel más profundo. También explica la relación entre los hombres y las mujeres, Explica además la organización dowayo del trabajo: los compañeros de circuncisión son quienes colaborarán en la cosecha del mijo, garantizando así su solidaridad la continuidad de la economía dowayo. Es también una manera solapada de dar las instrucciones técnicas del proceso de la cosecha: “El apaleamiento se representa en diversas ocasiones, sobre todo durante la circuncisión de los muchachos, pues se pone en escena una pequeña comedia. Una vieja pasa gimiendo y quejándose por el camino donde están apostados los dowayos. Pasa entre ellos dos veces y a la tercera se levantan de un salto, golpean el suelo con estacas y le arrancan las hojas con que se cubre. Seguidamente forman un montón de piedras y sobre él colocan la cesta y el sombrero rojo de la mujer. Entonan entonces la canción de la circuncisión. Las mujeres y los niños no pueden estar presentes” (Barley 2004:175-176). Se confirmará la cosmología dowayo, y la relación del festival de las calaveras con la circuncisión, la cosecha y demás hechos de la vida dowayo. Se establece, de hecho, la “antropología” dowayo. El hombre es más que análogo al leopardo, es dowayo, es la planta de mijo.

El producto agrícola que constituye el principal sustento de los dowayo es el mijo. Se trata de un cereal que es originario del centro de África. Hace unos 2000 años fue llevado este cultivo a la India, se presume que desde África central y oriental. Dada a su magnífica tolerancia a la sequía, arraigó en los terrenos más áridos. La altura de la planta está sobre los 40- 50 cm. Y su color varía en tonalidades distintas (amarillo, azul pizarra, morado, gris, pardo, blanco…) Tras la cosecha, los granos se limpian y se les retira la cáscara indigesta. Por su alto contenido en ácido salicílico, se considera a su vez, un producto de belleza, y ciertamente posee una acción beneficiosa sobre los cabellos, las uñas, la piel y el esmalte de los dientes. Aunque no contiene gluten, se utiliza en la fabricación de pan y la fabricación de pastas especiales, que se mezclan con harina de trigo y de mijo simultáneamente.



Información nutricional (60 gr. de mijo)
Calorías
212
Hidratos de carbono
41 g
Proteínas
6 gr
Grasa
2 gr
Hierro 41 % de la necesidad diaria magnesio 29 % de la necesidad diaria
(Información obtenida en < http://www.balansiya.com/ingredientes_mijo.htm> consultada el domingo 20/02/2011, a las 18.15.)

Foto del mijo común tomada de la misma página





La obra del antropólogo inocente, es un libro encantador, con pinceladas de humor, seriedad, rigor, un toque humano y sensible de una visión que nos queda lejos a muchos poder interpretar. La decisión de marcharse a un continente tan duro como África, a un país más duro aún si cabe como Camerún, y a una aldea perdida de los ojos de Dios, hace que abramos nuestra mente a Nigel Barley y le escuchemos hablar con su obra.
Magnífico don de explicación, donde, utilizando un lenguaje fácilmente entendible y accesible a todo tipo de lector, nos introduce en un mundo completamente desconocido para nosotros. De la mano de Barley conocemos con sumo detalle, las costumbres diarias de unos habitantes de la aldea dowaya. El humor de Barley a parte de hacernos una lectura distendida, aprendemos de las costumbres dowayas casi sin darnos cuenta, y gracias a sus interpretaciones de todas y cada una de las palabras y acciones de los dowayos, somos capaces de introducirnos en la lectura con facilidad. Barley no usa un lenguaje estrictamente académico, es por ello, que es accesible a cualquier tipo de lector, sea cual sea su edad y su nivel cultural. El autor se propuso hacer una lectura diferente de un trabajo diferente y creo realmente que lo ha conseguido con creces. Desde la emotividad que nos mostró cuando nos relataba sus limitaciones por sus enfermedades contraídas con facilidad en el poblado, su rabia por la impotencia despertada al ver que los trámites burocráticos en ese país eran poco menos que inexistentes. Su paciencia puesta en una balanza donde más de una vez pesaba la rabia, cuando le robaron en Italia, cuando le “robaron legalmente” los funcionarios camerunenses. La lástima que nos despierta al saber que parte de sus archivos gráficos se vio truncada  al no llegar a su destino… quedándose en el camino tantas y tantas horas de trabajo. Hoy por hoy, son pocos los que se aventuran a vivir algo como lo que hizo Barley, y para darnos una lección más, volvió a los 6 meses a “su aldea”.
El retrato de lo que nos enseñó a su regreso a su país, me dejó personalmente atónita. Sutilmente nos muestra la extensa frialdad y superficialidad en la que actualmente vivimos, haciendo alarde de su inmejorable escritura y exposición de sus sentimientos. Tuvo la osadía de “describirnos” con muy pocas palabras y con un mínimo ejemplo, dejándonos claro que vivimos muy por encima de lo que en realidad necesitamos. Él tuvo que darse cuenta de que sus propios papeles se intercambian no cuando llega a África, sino cuando regresa a su Inglaterra natal. El autor llega cargado de material e información, pero vacío de corazón. Después de un análisis, regresa de nuevo.
Ese regreso de Nigel Barley, quizás no invita a reflexionar ya no solo en la labor de un antropólogo, sino en la naturaleza humana, siempre necesitada de vivir en sociedad por unanimidad. En mi reflexión, quizás yo también hubiese hecho lo mismo, ya que a veces nos supera las superficialidades y nos abruma la facilidad de vida en otros lugares que llamamos “tercer mundo”, a la vez que realizamos obras para conseguir nuestros objetivos, en el caso de nuestro antropólogo, continuar con su profesión en el lugar donde quiso estar.
El autor crea escuela, a mi modesto parecer, tomándose como precedente su forma de relatarnos un trabajo científico sin el rigor lingüístico que al parecer, lleva intrínseco en los trabajos de campos anteriores. La forma de mostrarnos la realidad de otras culturas con tonos humorísticos, empieza a crear otro tipo de lectura, igual de profesional y académica que las anteriores, pero con el indiscutible “toque” de Nigel Barley. Sin embargo en su trabajo no dejó de citar jamás a sus predecesores, estudiados por él mismo, incluso citándolos para una mejor comparación entre ambos desde nuestro punto de vista.
Para esto existe una respuesta a su vez muy interesante que comparto con estos autores: “El “etno-ego-centrismo” se ve herido por el propio manejo de las alteridades que hace el otro: “para los dowayos todos los blancos son iguales” (Barley, 1989). La elección es de humildad. Para ser reconocido uno como único, antes que distinto, debe reconocer al otro también como único y distinto, y eso es lo que nos asimila, no privilegiando a ninguno sin merecerlo.

La intención del antropólogo no es introducir el Verbo, no es hacer entrar en razón a estos “ignorantes”, que tan “mal” viven, sino, por el contrario, que los otros tienen su razón que la Razón desconoce (porque así lo ha pretendido). El antropólogo no es un salvador, pero sí un mensajero. El antropólogo es un intérprete, un traductor, un intermediario, intercesor, un canal de comunicación entre ellos y nosotros. Si Dios los ha olvidado porque se lo han acaparado los blancos, a Dios puede llamársele la atención y hacerle recordar esta presencia”.
Daniel Alberto Alegrett Salazar, Daniel Rodriguez Galán y Gabriel Ernesto José Torrealba. Página web: < http://antropologiaenbabilonia.blogspot.com/search/label/Camer%C3%BAn> consultada el domingo 20/02/2011 a las 22:59.
Otro escritor venezolano, Eduardo Liendo en su libro “los platos del diablo”, opina sobre el arte del escritor y del escribir de esta manera: -cito textualmente- “El escritor es él mas desprovisto y desvalido de todos los artistas; no posee sino las palabras; las mimas palabras gastadas de todos los días, para intentar algo perdurable… Sin duda, las palabras manoseadas, masticadas, escupidas por todos, debían servir igualmente para el tejido de la araña reina. Para crear una ilusión de estructura preciosa con la misma materia raída” (Liendo, 1991: 57)”.


Los dowayos son habitantes de una pequeña aldea situada a los pies de una montaña, Kongle, en el país de Camerún. Depende de su capital “Poli”, aunque los dowayos se abastecen con su propio cultivo de mijo, del cual, aparte del pan, se extrae para hacer cerveza típica a la costumbre dowaya. Descendiente de los fulani, los dowayos actualmente no se reconocen como etnia africana. “Los dowayos hablan una variedad viciada de fulani de la que se han suprimido todas las formas irregulares y el significado de las palabras se ha modificado para acomodarlo a os conceptos dowayos. Por o demás, sólo reconociendo su lengua es posible captar los apartes reservados para otros oídos” (Barley 2004:73-74)

Panorámica del país dowayo

Foto tomada de: http://cercadeafrica.wordpress.com , recogida el 20/02/2011 a las 20:13.
Incluso el autor del libro habla así de los dowayos. “Empezaba a acometerme el insistente temor de que no existieran, pues la palabra <dowayo> era un término autóctono que significaba <nadie> y que había sido recogido como respuesta a la pregunta formulada por un funcionario de distrito. < ¿Quién vive allí?>, pregunté cortésmente en la misión católica. Sí, parecía que los dowayos sí existían. Por fortuna, los católicos habían tenido poco contacto con ellos: eran un pueblo terrible. En la escuela que regentaban los padres, eran siempre los peores alumnos. ¿Por qué quería estudiar a los dowayos? Su modo de vida respondía a una sencilla explicación: eran ignorantes.” pp. 41.
Sin embargo, los dowayos son descendientes de los fulani, y como pueblo, los fulanis sí que tienen historia. Al parecer se trata de unos de los pueblos nómadas más grandes del mundo cuyo origen es desconocido. Repartidos por toda África, se reconocen bajo diversas denominaciones.
Se han planteado muchas hipótesis acerca del origen de esta etnia. Debido a las citadas características físicas, además de por las manifestaciones artísticas, estamos hablando de un pueblo eminentemente mestizo. Muchos han planteado la hipótesis de que los fulani procedan de fuera del continente africano: Algunos les sitúan en el sur del Cáucaso, otros, en la zona de la actual Yemen.
Sin embargo, los fulani poseen una lengua clasificada dentro del grupo lingüístico Níger-Congo (aunque otros les englobarían en el grupo afro-asiático junto con lenguas más cercanas a ellos, como el hausa o el bereber). Así pues, muchos situarían sus orígenes en las orillas del Nilo; otros opinan que este pueblo es el resultado de un mestizaje entre pueblos sudaneses y nómadas del Sáhara.
Otros se reafirman nuevamente en su teoría de que vienen de fuera de África, argumentando que adoptaron una nueva lengua al llegar a las tierras del Fouta Djallon posiblemente de los autóctonos de esas tierras. Aun así, ninguna de estas hipótesis llega a ser concluyente. Además, esta etnia se ha ido mezclando con los pueblos que había a su alrededor, lo que dificulta más aún elaborar una hipótesis. Socialmente, para un africano tener un antepasado fulani suele ser sinónimo de distinción e incluso curva del río Níger y la cuenca del Volta Negro. A principios del siglo XII, a causa de la presión islámica (religión que entonces rechazaban) huyeron hacia distintas zonas, dispersándose así por toda África occidental, pero, sus mayores focos, fueron el macizo de prestigio.
Los primeros datos acerca de los fulani se remontan al siglo IX, donde vivían entre la de Fouta Djallon, Valle del Senegal, Macina, y la zona que correspondería al actual norte de Nigeria.
Información consultada en la web. Wikipedia, dirección: <http://es.wikipedia.org/wiki/Fulani>, consultada el lunes 21/02/2011 a las 00:33.

viernes, 25 de febrero de 2011

Las Caras de Clío

A Lore, con cariño


Reseña 

(Enrique Moradiellos)


(Las Caras de Clío, Enrique Moradiellos)
FICHA BIBLIOGRÁFICA. Moradiellos García, Enrique, Las Caras de Clío. Una introducción a la historia…Ed. Siglo XXI. Madrid, 2001. ISBN: 84-323-1073-5. Pp.318, Precio aproximado del libro, 22 Euros.
PRESENTACIÓN DEL AUTOR.
Conocemos los trabajos de Enrique Moradiellos García –actualmente profesor de Historia contemporánea en la Universidad de Extremadura y, con anterioridad, en la Universidad de Londres y en la Universidad Complutense de Madrid– tanto en su vertiente científico-positiva como en su vertiente gnoseológica y metodológica. Desde un punto de vista gnoseológico y metodológico, hay que destacar la primera versión de Las caras de Clío –que apareció con el subtítulo Introducción a la Historia y a la Historiografía, publicada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo en el año 1992–, donde ya se apuntaban las tesis que ahora se defienden, y El oficio de historiador (Siglo XXI, Madrid 1994). Esta segunda obra es un aprovechable trabajo cuyo objetivo didáctico no empaña en nada sus reflexiones metodológicas e, incluso, diríamos que estas consideraciones didácticas quedan reforzadas por los argumentos gnoseológicos y metodológicos; y aun siendo una obra de carácter universitario su utilización en la enseñanza de la Historia en el bachillerato es de una gran efectividad por la concreción y claridad «procedimental» empleada.
Una de sus primeras obras de Historia propiamente dicha fue Neutralidad benévola: el gobierno británico y la insurrección militar española de 1936 (Pentalfa, Oviedo 1990). Vemos en ella ya los primeros intentos de aunar reflexión gnoseológica con investigación e indagación histórica, pues Enrique Moradiellos nos presenta en las primeras páginas su clara intención –que se hace patente en el mismo ejercicio de la obra– de situarse en una perspectiva fenoménica –Historia fenoménica– sin abandonar el compromiso con una perspectiva materialista ligada a la idea de verdad histórica. A Neutralidad benévola han seguido un conjunto de obras sobre la España contemporánea (en concreto sobre las dimensiones internacionales de la Guerra Civil) hasta llegar a la recentísima biografía del general Franco.
En fin, un autor prolífico, pese a su juventud, que aprovecha sus conocimientos prácticos de historiador para llevar a cabo una reflexión de segundo grado sobre la misma ciencia histórica; pero ha de repararse en que lo que nos ofrece no es una ristra de consideraciones más o menos evidentes, producto de la síntesis de su labor empírica, sino una reflexión que forma un cuerpo filosófico compacto y coherente. Este tipo de planteamientos no suele ser lo común, no ya en las ciencias históricas, sino en ningún tipo de campo categorial, siendo lo más socorrido una suerte de eclecticismo que, cuanto más, podría ser denominado como «filosofía de los científicos», entendiendo filosofía en un sentido mundano, alejada de los canales y cauces de la Academia. La prueba está en que incluso un autor citado en esta obra de Moradiellos como es Aróstegui , aun tocando los mismos temas que desarrolla Moradiellos no llega a la misma profundidad que éste, dicho sin perjuicio de las interesantísimas aportaciones de su obra. Así pues, Las caras de Clío constituyen una obra singular en el panorama de las publicaciones sobre metodología de la Historia; singular por la clara y distinta disociación que ejecuta el autor y por el manejo de un sistema filosófico no muy usado entre los científicos.


RESUMEN TEMÁTICO GLOBAL. 
Las caras de Clío se encuadra en al ámbito de la historiografía, y como bien justifica su título se puede considerar un manual de  “introducción a la Historia”. Pero una introducción desde una perspectiva gnoseológica- presente y justificada en todo el texto- apoyada en una exposición clara, contundente y argumentada al compás de una prolija casuística y anotaciones que dan lugar a una cómoda lectura. Como resumen general de  la obra en un párrafo, podemos decir que el autor hace un recorrido por los cambios de naturaleza que ha experimentado la Historia desde sus comienzos como género literario, hasta su condición de ciencia humana.
Con ese propósito, (de manual) sus páginas ofrecen a los lectores una exposición sintética de los fundamentos científicos de la de la tradición historiográfica desde sus comienzos en la Antigüedad clásica hasta finales del siglo XX.
Podemos hablar de una concepción de la Historia elaborada desde la filosofía del materialismo gnoseológico, rica en detalles y sugerencias. Aunque el autor no olvida la disociación entre ésta y el plano o perspectiva metodológica- empírica. Así la obra constituye una singularidad en el ámbito de las publicaciones sobre la metodología de la Historia, entre otras cosas por el manejo filosófico que presenta el autor a lo largo de su exposición.
El libro que en su suerte de manual histórico, parece estar dirigido a los estudiantes que se inician en la materia(o, en otros casos a interesados por la historia) comienza tratando de responder a los siguientes interrogantes críticos: ¿Qué es la Historia? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se ha configurado y evolucionado? La obra de 318 páginas, presenta un prólogo, un índice, una nota de orientación bibliográfica y una extensa bibliografía. Se estructura en siete capítulos, los dos primeros capítulos están dedicados a la Historia como una de las ciencias sociales o humanas. Los restantes capítulos hasta nuestros días, tratan de señalar los profundos cambios de naturaleza sufridos por la Historia hasta su condición de ciencia humana.

EXÁMEN CRÍTICO.
En el mismo índice del libro y siguiendo la unidad temática de la obra podemos valorar después de la lectura de la misma los siguientes aspectos.
Así, distinguimos una primera parte meta-historiográfica (filosófica, gnoseológica) comprendida por los tres primeros capítulos, en la que Moradiellos dibuja el plano gnoseológico de la Historia desde la perspectiva del Materialismo filosófico.
Así, en el primer capítulo resulta de interés la idea y la concepción histórica del pasado expuesta por Moradiellos y fundamentada en palabras de Ortega y Gasset, (pág. 1) en la que se justifica que el pasado comunitario es una necesidad social. Al igual que en las siguientes tres citas (pág. 3) con Polibio, Robert Leiris y Geroge Orwel en las que todos ellos coinciden en la importancia del pasado en aras a la solución a la pregunta que se plantea el autor en este apartado.
También contrapone el conocimiento histórico- racional frente al mítico-legendario para ello se basa en Cicerón, Vilar y Pietri (pág. 3). El autor se detiene en su redacción para hacer referencia a todo aquello que abarca el vocablo “Historia”. Seguidamente trata el papel de la Historia en la enseñanza, la misma como asignatura.
Llegamos así al final de este primer capítulo en el que el autor, vuelve a centrarse en la importancia socio-política de la historia (el papel que juega el pasado en nuestra historia.) Desde el principio de este apartado hasta el final, Moradiellos habla de las tentativas de los historiadores a la deformación u olvido de su “”incómodo pasado” y se basa, como él mismo lo describe, en el caso más significativo proporcionado por Ersnt Nolten en la entonces Republica Federal Alemana. Una polémica comenzada en 1986 en las que el autor conservador realiza una comparativa entre la barbarie de la Alemania nazi con otras barbaries sucedidas en otros países. Con este texto Nolten, fue acusado de intentar expiar los crímenes nazis.
En el segundo capítulo de la obra se expone en primer lugar la relación de los vocablos: historia – Ciencia. Lo hace el autor desde la Teoría del conocimiento o lo que es lo mismo la Gnoseología. Así expone tanto las definiciones de Historia como las acepciones que reúne el vocablo Ciencia. Continúa con la concepción dualista de la Historia fundamentadas en las citas de Cardoso y Aróstegui. (v. p. 15).
Llegamos a la presentación de las corrientes teóricas sobre la naturaleza de la ciencia: descriptiva, teoreticista, ligada a Karl Popper (1902-1994), adecuacionista (heredera de las ideas de Aristóteles) y la última corriente, el circularismo (elaborada por el filósofo español, Gustavo Bueno)
En el siguiente apartado del capítulo 2, Entidad y función de las ciencias categoriales, destaca la división tripartita que se da de las ciencias desde un punto de vista gnoseológico, afirmando así que las ciencias se organizan en tres dimensiones o ejes genéricos: el eje sintáctico, el eje semántico y el pragmático.
En la página 25, último párrafo, Moradiellos expone los dos principios que tienen que darse en toda ciencia, el principio semántico y el determinista- genético.
Comienza el tema 3  con la dicotomía y diferenciación entre las ciencias naturales y las humanas. En palabras de Moradiellos esta distinción entre ambos grupos de ciencias constituye uno de los temas más polémicos y difíciles de las investigaciones gnoseológicas desde finales del siglo XVIII. En la página 29, nos presenta el criterio de demarcación gnoseológico entre ciencias naturales y ciencias humanas podría establecerse atendiendo al modo de operar respectivo. Por una parte, en  las Ciencias Humanas  se da la presencia de sujetos humanos que realizan operaciones. Y en las ciencias naturales no aparecen formalmente sujetos operatorios, sino elementos que se mueven según patrones mecánicos o recurrentes y rutinarios. Esta diferencia nos lleva a  dos diferentes metodologías operativas científicas: la Alfa(A) y la beta (B): … procedimientos en los cuales las operaciones del científico reconstruyen o reactualizan (de forma esencial) las operaciones realizadas por los sujetos a quienes estudia, de modo que el científico «comprende» y «explica» las operaciones del sujeto construyendo o reactualizando a su vez otras operaciones análogas. (v. pág. 30).
Una vez expuesta la teoría anterior, el autor encuadra a la Historia dentro de las ciencias humanas, cuya metodología es Beta, y así nos introduce durante todo el epígrafe siguiente en la importancia del concepto de “reliquias,” en palabras del propio autor: … aquellos restos y trazas del Pasado que perviven en nuestro presente en la forma de residuos materiales, de huellas corpóreas, de vestigios y trazas físicas, de ceremonias y ritos, en una palabra de «reliquias» (relinquere: lo que permanece, lo que resta). Esos residuos que permiten la presencia del Pasado son el material sobre el que trabaja el historiador y con el que construye su historia. Al mismo tiempo atiende a la tarea del historiador (heurística), que en pocas palabras no es otra que la de saber o diferenciar cuáles son esas reliquias a través de las cuales se estudia la Historia. Encontramos la exposición de Croce, sobre esta tarea ( pág. 40,):… la tesis tradicional del «presentismo» formulada por Benedetto Croce (1866-1952), según la cual «toda Historia es historia contemporánea», adquiere una significación gnoseológica notable: la historia se hace desde el presente de las reliquias[1].
 Cabe destacar la exposición de Moradiellos sobre el procedimiento hermenéutico propio de la investigación histórica, esa “reactualización hermenéutica” justificado en las citas de Collingwood, de Enrique Cerillo y de Oakly (págs. 36-37).
Para finalizar este apartado, el autor apunta la presencia de tres principios axiomáticos y categoriales imprescindibles para la conformación de la Historia como ciencia científico- humanista. Estos principios son: el semántico, el determinista- genético y el de significación temporal irreversible.
Trata el autor en las siguientes páginas la oralidad frente a la escritura y la Historia clásica en Grecia y Roma, titulando así el segundo epígrafe del capítulo 4.
Hay una segunda parte, propiamente historiográfica, que comprende los capítulos cuatro, cinco y seis, donde se recorre –en sus propias palabras– la historia de los relatos históricos y sus autores. Pero Enrique Moradiellos no sólo nos sitúa ante los hechos historiográficos sino que también nos los presenta bien mediante un diagnóstico gnoseológico o aproximándonos a su significado historiográfico; así, localiza los inicios de la Historia como ciencia en las técnicas de registro (estelas, inscripciones, listas de reyes) y señala la cristalización del género de literatura histórica en Grecia, a la par que el surgimiento de las ciencias (Geometría, Aritmética) y de la Filosofía.
Desglosemos un poco más este resumen introductorio a esa suerte de segunda parte que hemos planteado en el siguiente trabajo. Comenzamos con la importancia y la notable presencia de una cosmovisión teológica presente, nos solo en la Historia como ciencia, sino en todas las ciencias restantes y la realidad histórica. El autor nos presenta un recorrido a través de las etapas históricas: Edad Media, Renacimiento, Ilustración, del estado y las transformaciones que va sufriendo esa visión teológica, tan arraigada en la Edad Media, hasta su descenso, - pero no, desaparición- en la Ilustración.
Entramos en la Edad Media con la concepción lineal del tiempo, y la gran importancia que  tuvo la cronología en esta época. De los cronistas cristianos un modelo y referencia fue Eusebio (circa 260-340), obispo de Cesárea, en su obra Chronographia, escrita en griego. Además se trata del iniciador de dos géneros la Historia eclesiástica y la Hagiografía. Moradiellos analiza junto al padre de los cronistas cristianos a otros, pasando por las crónicas alto –medievales y las primeras obras musulmanas.
Se observa un cambio en la concepción del tiempo, pasando en el Renacimiento a una temporalidad secuencial, y la creación del reloj, L.Humford. Pero los dos grandes acontecimientos que nos presenta el autor, son  la aparición de la imprenta, con  la consecuente divulgación de las obras de todo tipo, y la recepción de obras clásicas.
En España  se genera una producción historiográfica  similar a la de Herótodo, y se da la incorporación de temas geográficos, naturalistas y etnográficos en la narración histórica: la llamada Cronística de Indias.
Como nos explica el autor, del afán por obtener el sentido literal de los textos fue desprendiéndose la disciplina histórica que habría de estar en el origen de la historia científica del siglo XIX: la erudición crítica documental. Esta crítica también fue deudora del trabajo de los denominados anticuarios,- los cuales generaron a lo largo del XVIII multitud de diccionarios, colecciones y repertorios que clasificaban las antigüedades artísticas, literarias y arqueológicas-  o los estudiosos de reliquias, de entre los que destaca Flavio Biondo. Pero al final del epígrafe, Moradiellos nos asegura que el surgimiento de la ciencia de la Historia, tal y como la conocemos actualmente, no tuvo lugar hasta finales del XVIII y principios del XIX.
En el periodo de la Ilustración el tiempo se convirtió en la práctica hagiográfica, en un instrumento identificado con la cronología. A lo largo del epígrafe que el autor dedica a la ilustración, redacta la influencia de este periodo y los efectos fundacionales de la misma. Así realiza un recorrido, comenzando por el surgimiento de la filosofía de la Historia en Francia, teniendo a la cabeza a Voltaire (1694-1779), y su comparación entre la Historia escrita al modo clásico y su “Historia razonada” (pág.80).  Nos apunta a los historiadores británicos, también influenciados por la Ilustración, como: Hume, Robertson, Gibbon.
Frente a la universalidad y atemporalidad de la razón ilustrada, y su concepción individualista del hombre como sujeto, fue contraria la escuela alemana de Gotinga, que propició unos trabajos locales que atendían al particularismo del Volksgeist (espíritu del pueblo) centrados en cada área y época. El filósofo J.G.Herder desde el Volkstgeist – al que convirtió en una categoría de unidad orgánica colectiva de la historia - conformaba al individuo mediante un lenguaje común, formas literarias y artísticas… (pág.82)
Pero la moderna Historia no aparecerá hasta el siglo XIX en Alemania, de la mano de la Escuela de Gotinga, primero, y, posteriormente, con Leopoldo von Ranke, con el que da el encabezamiento del tema 5 de su obra titulado: A la sombra de Ranke: la cristalización de las ciencias históricas en el siglo XIX y cuya teoría descripcionista de la Historia queda resumida en una conocida frase: «lo que realmente sucedió». A partir de este momento, (hasta el último tema no incluido) Moradiellos hace el recorrido del siglo XIX (influencia del nacionalismo en España, Estados Unidos y Francia e institucionalización de la Historia, influencia de Marx) y del siglo XX (crítica al paradigma positivista - descripcionista, aparición de la Historia económica y social, escuela francesa de Annales, la influencia de la historiografía británica y la cliometría norteamericana).
Es en Alemania donde se da el surgimiento de la moderna ciencia de la Historia a principios de XIX. El autor nos habla de la “mutación trascendental”que se da al afirmarse que la Historia razonada y documentada comenzó a suplantar a la mera crónica de mayor o menor complejidad compositiva, narrativa o erudita. Así nos aporta cronológicamente los autores que influyeron o participaron en esta mutación, comenzando con el pionero Barthold Georg Niebuhr (1776-1831), con el uso del «método histórico crítico» en sus trabajos (el examen y análisis crítico, filológico y documental, de las fuentes históricas materiales) y su posterior utilización sistemática como base de una narración que «debe revelar, como mínimo las conexiones generales entre los acontecimientos».
Seguido a Niebuhr destaca la figura del autor que nomina este epígrafe, Leopoldo von Ranke (1795-1886), cuya influencia sobre el desarrollo de las ciencias históricas, en Alemania y fuera de ella, es bien conocida. Nos parece oportuno colocar la cita más célebre del autor: A la historia se le ha asignado la tarea de juzgar el pasado, de instruir al presente en beneficio del porvenir. Mi trabajo no aspira a cumplir tan altas funciones. Sólo quiere mostrar lo que realmente sucedió (wite es eigentlich gewesen) (pág.86). Moradiellos nos coloca, a lo largo del capítulo, a los siguientes autores destacados en el tema, partidarios y no partidarios de los postulados rankeanos.
Cabe destacar la mención que hace el autor hacia la filosofía de la historia, o lo que es lo mismo, lo que se denominó historicismo, “(los hechos y situaciones pasadas son únicos e irrepetibles y no pueden comprenderse en virtud de categorías universales sino en virtud de sus contextos propios y particulares».)” al que coloca en los orígenes de de los trabajos de la escuela de Gotinga y el las influyentes obras de Möser y Herder. Surge como una manifestación de la reacción conservadora frente al racionalismo universalista de los liberales ilustrados que triunfó plenamente en la Europa de la Restauración (1815-1848). Continúa Moradiellos su exposición y dedica el apartado II del tema 5  a la presentación y desarrollo de las escuelas históricas decimonónicas.
De la mano del autor, comenzamos el epígrafe siguiente en la segunda mitad del siglo XIX, con la figura del filósofo revolucionario alemán Karl Marx (Tréveris, 1818 - Londres, 1883), y su filosofía de clara implantación política y decidida vocación revolucionaria. Inicialmente entendemos  por marxismo el corpus de escritos elaborados por Marx, sólo o en colaboración con su compatriota y amigo Friedrich Engels (1820-1895). Marx acabó formulando una filosofía de la historia que denominó «concepción materialista de la historia» (conocida luego por sus seguidores como «materialismo histórico»).
Pero tal y como nos lo expone Moradiellos en párrafos posteriores, esta segunda mitad del siglo no se caracteriza por su influencia marxista, salvo algunos casos puntuales ( por ejemplo, la importancia que tuvo en el desarrollo del pensamiento sociológico del alemán Max Weber (1864-1920) o en la filosofía y obra histórica del italiano Benedetto Croce (1866-1952), aunque posteriormente tallaron sus propias ideas y conceptos), ya que la mayor parte de los historiadores se mantienen en sus concepciones filosóficas y técnicas de trabajo ligadas a la tradición rankeana. El momento del marxismo será en la primera década del siglo XX.
Llegamos así a la aparición de la historia política y social, gracias a la denominada Escuela de Annales.  Así los historiadores de la misma se volcaron  a estudiar, con métodos innovadores, procesos de larga y media duración sobre marcos geográficos precisos y asuntos poco tradicionales y metapolíticos. El fenómeno dio lugar a dos consecuencias conexas que transcribiremos directamente de la obra Moradiellos:
En primer lugar, los analistas acudieron a la estadística como único medio para penetrar y descubrir la «larga duración» o la «coyuntura», y así se constituyó la «Historia serial», definida por Pierre Chaunu como «una Historia interesada menos por los hechos individuales [...] que por los elementos que pueden ser integrados en una serie homogénea».
La segunda consecuencia del rumbo impreso por Braudel fue el redescubrimiento y ampliación del temario de la Historia cultural bajo la rúbrica de «Historia de las mentalidades». Este viraje se apoyaba en la diferencien establecida en 1932 por el sociólogo Theodor Geiger entre «ideología» (como sistema elaborado de creencias y conceptos que explican el mundo a quien la sustenta) y «mentalidad» (un complejo de opiniones y creencias colectivas inarticuladas, menos deliberadas y reflexivas que las primeras y más «populares»)[2].
Posteriormente a su surgimiento y auge, los Annales, fue decreciendo en beneficio de otras corrientes renovadoras procedentes al comienzo, sobre todo, del área anglófona. Así, el privilegio de la Historia económica y social fue cediendo paso a una Historia de las mentalidades concebida casi como Antropología retrospectiva del ámbito de la cultura material y simbólica de las sociedades.
Antes de adentrarse en lo que nuestro autor denomina cliometría norteamericana,  (pág.121) retoma la idea expuesta anteriormente sobre el verdadero triunfo del marxismo en el  XX,  y llegamos a una  historiografía de corte marxista  que se expande en Gran Bretaña y en Francia- aunque en esta última la historiografía de tradición marxista estuvo limitada por la influencia del filósofo Louis Althusser (1918-1990)- después de la Segunda Guerra Mundial. Destacan, entre los británicos,  el grupo de historiadores que conformaban la revista Past and Present: (hito de la renovación de los estudios históricos británicos) Veré Gordon Childe, Rodney Hilton, Christopher Hill, Eric J. Hobsbawm; Maurice Dobb. A su lado cooperaron historiadores y profesionales de las ciencias sociales: Geoffrey Barraclough, R. R. Betts y A. H. M. Jones.Sus contribuciones más destacadas se sitúan en el ámbito de la historia social y cultural británica y europea desde la Edad Media hasta la época contemporánea.
 La investigación cliométrica consiste en la utilización de un método cuantitativo y la aplicación de ciertos modelos teóricos- matemáticos explícitos en el tratamiento de los datos recogidos y elaborados. Como bien apunta nuestro autor, esta gran corriente de investigación histórica surge en los Estados Unidos, sobre 1958 con los trabajos de Conrad y Meyer,  y conforma la denominada “Nueva Historia Económica” , también Historia cuantitativa o como versa el título de Moradiellos: cliometría.
Al final del siguiente apartado (pág.126) Moradiellos afirma que, “el último rasgo que ha caracterizado al desarrollo de la historiografía occidental desde la pasada década de los años ochenta ha sido el acercamiento a los métodos y técnicas de los estudios antropológicos y literarios.”
El capítulo séptimo constituye la tercera parte -de la estructuración temática que hemos ofrecido en esta reseña,-  porque el autor ya no hace Historiografía stricto sensu sino que entra a analizar y a criticar las distintas corrientes historiográficas que pugnan hoy entre sí afectando a la práctica y a la teoría de la Historia. Y, tras hacer un croquis de la situación, localiza acertadamente las fallas filosóficas que amenazan el asiento del edificio de la Historia a punto de desmoronarse. El diagnóstico es revelador: «fue en el ámbito de la Historia intelectual donde comenzaron a hacer mella las corrientes filosóficas de orientación lingüística que pretenden cuestionar o destruir los fundamentos racionales y operativos sobre los que se apoya la práctica historiográfica desde el siglo XIX. Moradiellos, apuesta por una Historia crítico-racionalista.
CONCLUSIÓN.
Las Caras de Clío está conformada en principio como una especie de manual de historia, dirigido a priori a estudiantes o expertos  interesados en la materia. En pos a esta calificación el autor presenta una redacción cronológica, apoyada en una gran cantidad de citas y trabajos relacionados con la materia. Pero es una obra, que a pesar de su densidad y tecnicismo, es clara, contundente y muy interesante que puede llegar a otro tipo de lectores que simplemente sienta interés por la Historia.
Moradiellos realiza un trabajo ambicioso en ese recorrido que hace partiendo de las preguntas pertinentes con las que comienza su obra: ¿Para qué la Historia? Hasta llegar a la justificación más que evidente y, apoyada por una argumentación soberbia, de la constitución de la Historia como ciencia humana.